Aunque la ley no convierte al directorio en un área técnica, sí hace evidente que la responsabilidad de supervisar la exposición digital de la empresa ya es parte de sus deberes de dirección. En términos prácticos, hoy un directorio debe:
1. Incorporar la ciberseguridad a la gobernanza de la empresa
El directorio debe asegurar que la organización trate la ciberseguridad como un riesgo estratégico, al mismo nivel que los riesgos operacionales, legales, financieros y reputacionales. La ley exige medidas permanentes y mecanismos de respuesta, lo que supone supervisión institucional real y no solo acciones aisladas de TI.
2. Exigir gestión formal de riesgos y controles
La empresa debe contar con medidas tecnológicas, organizacionales, físicas e informativas para prevenir y manejar incidentes. Esto implica que el directorio debe exigir una estructura de control, políticas, procedimientos y seguimiento, no solo herramientas tecnológicas.
3. Asegurar roles, responsables y capacidad de respuesta
Para ciertas entidades, la ley exige designaciones formales, como el delegado de ciberseguridad para operadores de importancia vital. Aun cuando una empresa no esté formalmente calificada como OIV, la exigencia regulatoria muestra con claridad que la autoridad espera responsables definidos, trazabilidad y capacidad de interlocución formal frente a incidentes.
4. Supervisar el cumplimiento de las obligaciones de reporte
La normativa exige reportar determinados incidentes de ciberseguridad y el reglamento de 2025 precisó el mecanismo y plazos de notificación. Esto obliga al directorio a asegurarse de que existan protocolos internos de escalamiento, criterios de clasificación y capacidad de reacción oportuna. No reportar correctamente puede transformarse en un riesgo regulatorio adicional para la organización.
5. Respaldar inversiones y decisiones de resiliencia
La ley impone deberes permanentes, no medidas cosméticas. Por eso, los directorios deben aprobar recursos, prioridades y planes que permitan sostener controles, monitoreo, continuidad operacional, respuesta a incidentes y mejora continua. Sin apoyo presupuestario y ejecutivo, el cumplimiento se vuelve inviable. Esta es una inferencia práctica derivada de las obligaciones permanentes que la ley impone a las instituciones alcanzadas.